Tiempos de practicar la resiliencia.

No intentar controlar las situaciones, sino las emociones.

Lo que estamos viviendo no lo escogimos (o al menos no concientemente), y nos ha cambiado la forma de estar, al menos como veníamos estando hasta hace unas semanas. Ante esto, tenemos dos opciones: paralizarnos y apanicarnos por lo que sucede a nuestro alrededor y ante nosotros mismos y nuestras familias o aceptar la realidad y vivirla desde lo que nos toca hacer. Esta última es una forma resiliente de actuar y es lo que permite salir delante de la adversidad. No se nace siendo resiliente pero si se pueden adoptar hábitos y conductas que permitan vivir la vida de manera resiliente. Esto es lo que puede hacer la diferencia y a pesar de lo crítica que sea la circunstancia que nos esté tocando vivir, esta no tiene la última palabra. Debemos ejercer una fuerza interior que nos ayude a mantener lo más importante que tenemos que es nuestra integridad física, psicológica y espiritual a salvo, pues será la que nos permita salir adelante una vez pasada la crisis. En cuanto a los temas que nos enfadan, desesperan, preocupan y que no dependen de nosotros, esos, sin duda llegará el momento de ajustar cuentas.

La resiliencia es la capacidad que se tiene para superar la adversidad. De tal forma que podemos hablar de este concepto en distintas áreas y situaciones. Así por ejemplo, quién pierde un ser querido, es resiliente en la medida en que pone los medios y se recupera  de dicha pérdida. Alguien que se divorcia, es resiliente conforme supera ese rompimiento. Hablando de temas relacionados con la naturaleza, hay resiliencia en cuanto que las secuelas causadas por dichos fenómenos vayan siendo reparadas por la sociedad y restablecidas por la misma naturaleza. En la contingencia que estamos viviendo cada quien tiene preocupaciones, temas pendientes que resolver, incertidumbre por el futuro, enojo e impotencia por cómo se están tomando las decisiones desde el gobierno, en fin una serie de ideas y sentimientos que han alterado nuestra vida cotidiana. Aún así, es posible que vivamos de manera resiliente, aquello que está a nuestro alcance y aquello que no está a nuestro alcance dejarlo para mejor momento, donde seguramente se podrán ajustar las cuentas. En cuanto a lo que si está a nuestro alcance, hay una serie de hábitos y conductas que los estudiosos de la psicología recomiendan tomar en cuenta para sobrellevar situaciones como las que estamos viviendo y que dependen de nuestra voluntad. Algunas de las más importantes son las siguientes[1]:

Intentar seguir estas medidas, nos ayudará a poder vivir de manera más libre la situación de excepción que estamos viviendo, recordando en todo momento que esto pasará y que de ninguna manera esta crisis tendrá la última palabra. La última palabra la tiene la actitud con la que decidamos vivirla y los medios que pongamos para salir adelante tanto de forma personal, familiar y colectiva.

En cuanto a los aspectos que tanto han lastimado y preocupado a la sociedad, de manera especial a los empresarios por las medidas (o no medidas) que está tomando el gobierno en todos sus niveles, es importante tomar en cuenta lo que está a nuestro alcance y lo que no, pues será el propio gobierno que pague las consecuencias de su propio actuar. A nosotros nos queda ser solidarios, manifestarnos, mantenernos en unidad y tomar las decisiones que consideremos más acertadas de acuerdo a nuestra propia realidad, recordando que nadie está obligado a lo imposible, y que sin duda, llegará el momento de ajustar cuentas, mientras tanto a cuidarnos, cuidar a nuestras familias y ocuparnos en ser resilientes para vencer esta adversidad a la que nos enfrentamos.

[1] Tomado del Blog de la Psicóloga Rosario Linares.

resiliencia

La resiliencia como esperanza

Miedo, coraje, enojo, indignación, impotencia, frustración y muchos otros sentimientos son los que nos genera la agenda pública. Las noticias, las redes y las conversaciones ocupan la mayor parte del tiempo en hablar de los hechos que suceden diariamente en el mundo, en el país, en Puebla y la zona metropolitana. Todo suena a sangre, caos, crisis, y abuso de unos contra otros. Ante esta realidad, es notoria la ausencia de propuestas y liderazgos que abanderen la pobredumbre que percibimos y vivimos. Son voces aisladas las que intentan contrarrestar los efectos de la agenda cotidiana. Ante esto, es necesario voltear la mirada a lo básico y desde ahí generar alternativas que desde nuestra persona, entorno y sociedad pueda poner los medios para promover alternativas en sentido propositivo. La resiliencia, que es la capacidad de enfrentar la adversidad, es una forma de adaptarnos a las circunstancias para lograr que las cosas sean diferentes en percepción pero sobre todo en realidad. Lo importante es entender la parte que a nosotros nos toca y exigir la parte que a otros, principalmente a la autoridad, les corresponde. Solo así, es como podemos desde nosotros mismos, convertir, mediante el ejercicio de esa capacidad, ver la esperanza en el porvenir.

Escandaliza ver en las noticias y en las redes como la delincuencia, el abuso y el maltrato cobran diariamente vidas inocentes, el aumento de los feminicidios, el desabasto de medicamentos, la impunidad con la que se mueven grupos delincuenciales, la falta de respeto y cumplimiento de los derechos humanos, especialmente de los grupos más vulnerables, la marginación en la que se encuentra el 70% de la población, el abuso de unos sobre otros en forma despiadada. Cuando creemos que ya hemos visto lo más cruel, escandaloso, escalofriante o inverosímil, surge un nuevo hecho que supera al anterior. A esa realidad es a la que nos estamos acostumbrando y es ante la que debemos poner medios para que no sea la que tenga la última palabra.

Ante esta realidad, hay una insuficiente o nula respuesta por parte de los gobiernos. El silencio, la evasión, la incapacidad, la omisión, la negligencia, la opacidad y la ocurrencia son las principales herramientas que utiliza la autoridad para hacer frente a los hechos que diariamente suceden en nuestro entorno. En este sentido, es urgente hacer un llamado para tener estrategias, proyectos, programas y soluciones que garanticen la paz y tranquilidad a la que tenemos derecho todos los mexicanos y los poblanos. No nos podemos, ni debemos acostumbrar a este clima que nos afecta a nosotros y a nuestras familias. Pero también, ante esta realidad, es necesario resaltar que ha habido ausencia de líderes y representantes que abanderen estas causas y que hagan contrapesos. Es una gran oportunidad para que desde la sociedad civil y partidos políticos se haga la parte que aún queda pendiente a través de las propuestas, de la denuncia y de la exigencia del cumplimiento de la ley. Es una gran área de oportunidad en la que todos podemos y debemos participar.

Es aquí donde está a prueba nuestra capacidad para enfrentar la adversidad. La actitud con la que asumamos la realidad que nos toca vivir nos pertenece a cada uno en lo particular. Podemos plantear la resiliencia como una cualidad que podría facilitar el proceso de recuperación de una sociedad que sufre el contexto actual de crisis económica, social y de inseguridad, entre otras. La resiliencia no es una habilidad que venga de fábrica. En el imaginario popular existe la idea de que en la adversidad hacemos de tripas corazón o que el sufrimiento nos hace fuertes. No siempre es así, una experiencia negativa por sí misma no contiene elementos que garanticen una mayor sabiduría, entereza o evolución personal. No obstante, las consecuencias psicológicas del ambiente de incertidumbre, inseguridad y malestar que vivimos pueden situarnos en un lugar en el que podemos cuestionar nuestras prioridades vitales. Pasado el shock inicial debemos plantear estrategias para recuperarnos, o incluso resurgir fortalecidos, e iniciar una siguiente etapa como sociedad. Esto es a nivel colectivo, pero a nivel personal también nos podemos plantear características personales que nos permitan ser resilientes y no dejarnos afectar por el entorno, independientemente de contribuir a que éste pueda cambiar en positivo. Algunos de estos aspectos son: conócernos a nosotr@s mism@s, replantear nuestras prioridades vitales, responsabilízarnos de la parte que nos toca, cultivar nuestras relaciones, intentar ser flexibles, pensar en positivo, ver lo que si hay y disfrutarlo, proyectarnos en el futuro, plantear objetivos alcanzables, no depender de lo que no está a nuestro alcance.

Ante la situación que estamos viviendo tenemos grandes áreas de oportunidad: no dejarnos llevar por el mal ambiente que se vive en todos los aspectos, concentrándonos en hacer bien la parte que nos toca y decidirnos a participar en lo individual, en lo colectivo o a través de los partidos políticos para ser un contrapeso y ejercer nuestro derecho a manifestarnos señalando aquello que está mal, que nos afecta y exigir a la autoridad correspondiente hacer la parte que le toca. Pero principalmente, no dejarnos llevar por el fantasma de la indiferencia y de la apatía, pues eso es abrir la posibilidad de que todo siga igual. Para finalizar hago mención al término proveniente de la novela El Gatopardo escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre finales de 1954 y 1957. El personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio la conocida frase «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie. Esta frase simboliza la capacidad de los sicilianos para adaptarse a lo largo de la historia a los distintos gobernantes de la isla, pero también la intención de la aristocracia de aceptar la revolución unificadora para poder conservar su influencia y poder. El “gatopardismo” en términos políticos se refiere principalmente a la premisa de “Que hay que cambiar todo, para que nada cambie” es decir una estrategia de simulación o embuste para evitar modificar el sistema que favorece a unos cuantos y perjudica a todos, haciéndonos creer que ahora si van a revolucionar la forma de hacer gobierno cuando realmente sus planes son muy lejanos de cambiar sustancialmente y lo que buscan es si acaso lograr un cambio superficial.

“No dejemos que quieran cambiar todo para que todo siga igual”. Seamos resilientes.

Programa para la resiliencia

Derivado del fenómeno del cambio climático, a nivel mundial las inundaciones están aumentando. Su origen es por lluvias, por desbordamiento de ríos, ascenso del nivel del mar, por la rotura de bordos, diques y presas, o bien por las descargas de agua de los embalses.

En nuestro país al menos 22 millones de mexicanos están en riesgo por inundaciones, las cuales generan daños por 250 millones de dólares según la empresa aseguradora Zurich.

Por ello, se pretende aumentar la resiliencia ante inundaciones, lo cual propiciará que las ciudades se repongan más rápido de las contingencias derivadas de estas.

Lo anterior encuentra su fundamento en la Nueva Agenda Urbana en el rubro de promoción de espacios públicos seguros, accesibles, resilientes y ecológicos.

El artículo 2 de la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano determina que todas las personas tienen derecho a vivir en y a disfrutar de ciudades y asentamientos humanos en condiciones sustentables, resilientes, saludables, productivos, equitativos, justos, incluyentes, democráticos y seguros.

Asimismo, el artículo 2 de la Ley General de Cambio Climático establece la concurrencia de facultades de la federación, las entidades federativas y los municipios en la elaboración y aplicación de políticas públicas para la adaptación al cambio climático.

Por lo anterior, presento la iniciativa que adiciona fracciones del artículo 79 de la Ley Orgánica Municipal para formular, conducir y evaluar la política ambiental municipal, en las que deberá incluirse formular programas para la medición de la resiliencia entre inundaciones y derivadas del cambio climático.

Presupuesto para la resiliencia

Para aumentar el compromiso entre los responsables locales de la toma de decisiones y los líderes urbanos, la UNISDR y sus organizaciones socias pusieron en marcha en 2010 la Campaña Mundial “Desarrollando ciudades resilientes”. ¿Mi ciudad se está preparando?

Los objetivos de la campaña son aumentar la comprensión y fomentar el compromiso de los gobiernos locales y nacionales para que la reducción de riesgos y la resiliencia a los desastres y al cambio climático sean una prioridad de sus políticas.

La Campaña abarca una creciente red global de ciudades, provincias y municipios comprometidos, de diversos tamaños, características, perfiles de riesgo y ubicaciones, que pueden ayudar y aprender el uno del otro, fomentar el conocimiento y transmitir conocimiento especializado y destrezas, así como apoyo técnico para alcanzar el objetivo de generar resiliencia.

En el mencionado manual, se establecen los “Diez Aspectos Básicos para el Desarrollo de Ciudades Resilientes”, que ayudan a establecer puntos de referencia sobre resiliencia a los desastres en las ciudades.

Uno de esos diez aspectos básicos es tener acceso y manejar recursos destinados a disminuir los riesgos de desastres, ello como parte de la visión, la misión y los planes estratégicos de la ciudad.

Señala que los recursos pueden provenir de los ingresos de la ciudad, de los desembolsos y asignaciones nacionales de los departamentos sectoriales, de las alianzas público-privadas y la cooperación técnica, así como de la sociedad civil y de organizaciones del exterior.

Además, precisa que la inversión deberá destinarse, en campañas de concientización pública, con medidas de reducción de riesgos en el presupuesto del gobierno local con el fin de reforzar la resiliencia de la economía, los ecosistemas y la infraestructura de la ciudad, por ejemplo, en escuelas, hospitales, activos críticos, abastecimiento de agua, alcantarillado y gestión de residuos sólidos.

Sugiere también que deberán gestionar la asignación de fondos nacionales y provinciales suplementarios y a programas que apuntalen sus acciones, por ejemplo, en infraestructura urbana, gestión ambiental y obras públicas.

Pone de ejemplo algunos casos de éxito, como es el caso del gobierno de Manizales, Colombia y las ciudades en Filipinas, donde es obligatorio asignar el 5% de su presupuesto municipal para el fondo de socorro en caso de calamidades, pues así lo determina la ley, lo cual no hace opcional esto, sino que, por el contrario, lo hace obligatorio.

Tomando en consideración lo antes señalado, se hace necesario exhortar respetuosamente al Gobernador del Estado y a los Ayuntamientos del Estado a que instruyan respectivamente a sus áreas competentes encargadas de elaborar su presupuesto de egresos y prevean una partida presupuestal para la reducción de riesgo de desastres, el cual deberá destinarse en campañas de concientización pública en resiliencia, la construcción de infraestructura urbana, promocione la participación del sector público y privado, instalación de sistemas de alerta temprana, evaluación de riesgos, el ofrecimiento de incentivos en la construcción de viviendas e infraestructuras seguras, sanciones a quienes aumenten el riesgo y premios a las buenas prácticas urbanas que aumenten la seguridad.

Descargar MANUAL : Cómo desarrollar ciudades más resilientes. Un Manual para líderes de los gobiernos locales.

Políticas públicas para la resilencia

ONU-HÁBITAT, señala que el 80% de las ciudades más grandes del mundo son vulnerables a los fuertes efectos de los terremotos, 60% corren riesgo de marejadas o tsunamis, y todas enfrentan los nuevos impactos causados por el cambio climático. Señala este organismo que el costo de los desastres urbanos, en 2011, ascendió a más de 380 mil millones de dólares.

Por ello ONU-HÁBITAT señala que una de las herramientas que ayudan a proteger los recursos de los pueblos y ciudades, ante los desastres naturales, es la resiliencia, la cual alude a la capacidad de los asentamientos humanos para resistir y recuperarse rápidamente de cualquier peligro plausible, que la resiliencia frente a las crisis no sólo contempla la reducción de riesgos y daños de catástrofes (como pérdidas humanas y bienes materiales), sino la capacidad de volver rápidamente a la situación estable anterior.

Nuestro país no es ajeno a los desastres naturales, en el tema específico de los sismos, México se ha visto devastado por grandes terremotos que han tenido consecuencias incalculables, los más recientes fueron los del 7 y el del 19 de septiembre del año pasado, los cuales sacudieron de forma violenta el centro del país, viéndose afectados los estados de Morelos, Puebla, Ciudad de México, Estado de México y los declarados zona de desastre, Oaxaca y Chiapas.

En nuestra entidad federativa, después del sismo del 19 de septiembre del año próximo pasado, la Secretaría de Gobernación, emitió la declaratoria de Emergencia Extraordinaria para 112 municipios, a casi 10 horas del movimiento de magnitud 7.1 grados Richter, la secretaria hizo la declaratoria para la mayoría de municipios de la zona centro, sur, sureste y suroeste del Estado, que fue la principal zona afectada por su cercanía al epicentro en Axochiapan, Morelos.

Lo anterior pone en evidencia que en nuestro país y particularmente en nuestra entidad federativa es necesario se generen políticas públicas desde el desarrollo urbano, que hagan posible la resiliencia de las ciudades asentadas en nuestra entidad federativa, que se anticipen a las tendencias del futuro para así encararlas con mayor eficacia, desde construcciones más resistentes a los desastres, mayor densidad poblacional y menor consumo de energía hasta la creación de sólidos fondos financieros y capacidades de construcción.

Políticas públicas, que se plasman, entre otros instrumentos, en el plan de desarrollo urbano, el cual, es un documento técnico que contiene el ordenamiento territorial, las previsiones para la organización y el desarrollo futuro de la ciudad.

Planes que, de acuerdo con las disposiciones contenidas en la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, publicada en el Diario Oficial de la Federación, el 28 de noviembre de 2016, deben considerar las normas oficiales mexicanas emitidas en la materia, así como las medidas y criterios en materia de Resiliencia. Ello con el objeto de gozar de ciudades y asentamientos humanos en condiciones sustentables, resilientes, saludables, productivos, equitativos, justos, incluyentes, democráticos y seguros.

Por ello se considera necesario incidir desde el Congreso del Estado, para promover una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica Municipal, ordenamiento que rige la vida de los Municipios, y en los cuales se encuentran asentadas ciudades, para incluir que el la expedición de los Planes de Desarrollo Urbano Municipal, se incluyan las medidas y criterios en materia de Resiliencia. Con lo cual se pretende lograr ciudades capaces de recuperación rápida en caso de desastres provocados por fenómenos naturales, es decir, ciudades resilientes, hecho que sin duda se verá reflejado en la calidad de vida de los poblanos.

Programa de resiliencia ante inundaciones

Las ciudades constituyen el impulso que se necesita para el crecimiento de un país con sistemas y capacidades de gobernanza dinámicos; no obstante, a lo largo de la historia, los desastres han perturbado y desequilibrado la vida en las ciudades.

Múltiples ciudades en el mundo, se han asentado y desarrollado en zonas geográficas sujetas a importantes amenazas naturales de cuyas consecuencias desastrosas se tienen abundantes testimonios históricos.

Una de las amenazas naturales que aquejan a las ciudades son las inundaciones, que constituyen una situación bastante compleja en la que se incluyen diversos problemas que inciden en su materialización. Las inundaciones pueden ocurrir por lluvias en la región, por desbordamiento de ríos, ascenso del nivel medio del mar, por la rotura de bordos, diques y presas, o bien, por las descargas de agua de los embalses.

Las inundaciones dañan a las propiedades, provocan la muerte de personas, causan la erosión del suelo y depósito de sedimentos. También afectan a los cultivos y a la fauna. Como suele presentarse en extensas zonas de terreno, son uno de los fenómenos naturales que provoca mayores pérdidas de vidas humanas y económicas.

Los impactos de las inundaciones alrededor mundo han generado pérdidas económicas y humanas, que han llevado a replantearse las prácticas de protección y gestión del riesgo. En México al menos 22 millones de mexicanos están en riesgo por inundaciones las que, según estimaciones, anualmente generan daños por 250 millones de dólares. En nuestra entidad federativa, existe una larga historia de inundaciones y desbordamientos, historia sísmica, actividad volcánica, incendios forestales, usos de suelo y vegetación, concentración promedio anual por contaminante atmosférico, elevaciones en los Ríos Atoyac, Alseseca, San Francisco.

La anterior hace imperativo que los gobiernos en sus esferas de competencia, generen un programa de resiliencia ante inundaciones. Programa que deberá contener; las acciones encaminadas a aumentar la resiliencia ante inundaciones; métodos que ayuden a medir la resiliencia ante inundaciones, donde se utilice la tecnología y la innovación; un diagnóstico que arroje los patrones de inundación; así como las acciones a seguir ante las contingencias que se presenten derivadas de las inundaciones.

Esto en razón de que cada año en la época de lluvias se presentan en las ciudades asentadas en nuestra entidad federativa una serie de inundaciones sin que se atienda de manera integral el fenómeno; que los asentamientos humanos deben tener en cuenta al principio de resiliencia; y conforme a las atribuciones en materia asentamientos humanos; se hizo posible, que como tu voz en el Congreso, exhortará al Gobierno del Estado y a los Ayuntamientos en los que frecuentemente hay inundaciones, para que elaboren y gestionen un programa de resiliencia ante inundaciones, que sea duradero y no sólo resuelva la emergencia que se presenta cada año en épocas de lluvias, sino que el mismo sea permanente.