PRI… Año cero

El escenario que enfrentamos nos obliga a dejar las máscaras.

Dice un recurrente dicho popular que prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila. Una expresión hilarante, pero cierta. Un enunciado que, desafortunadamente, es aplicable hoy en mi partido: el Revolucionario Institucional.

Nos cansamos de prometer, de ofrecer castillos en el aire, de construir puentes donde no existían ríos… De hacer de la política, como dice el politólogo Max Weber, un ejercicio de gozo en el poder.

Los últimos resultados electorales nos colocan en una posición poco halagüeña. Hoy, hablar del PRI es hablar de impunidad, de abandono, de corrupción. Muchos de los militantes que decidieron permanecer en el instituto se mantienen escondidos y agazapados. No es para menos: una buena parte de nuestros representantes gubernamentales cometieron excesos imperdonables a la luz del poder.

Nunca entendimos los tiempos modernos y hoy, con 90 años de historia, transformamos nuestra institución en un gigante viejo y rancio, sin capacidad de reacción y sumergido en la incertidumbre.

Pedir que nos echen la culpa por el progreso del país es retórica pura. Parece que seguimos estancados en el pasado con la esperanza de que la gente recuerde nuestras glorias. Una pena.

Como priísta, como ex presidente de un partido agonizante, considero que debemos despertar de nuestro quimérico cuento. No podemos escudarnos en los logros del pasado porque no hemos atendido aún nuestro presente. Hoy nos toca pedir disculpas sentidas a la sociedad y a los propios priístas por nuestros desenfrenos, por nuestra codicia, por nuestra sumisión como opositores, por fallarle a millones de mexicanos.

Es cierto, ni todos los priístas somos castos ni todos los priístas somos impúdicos, pero todos debemos someternos al juicio de este momento histórico.

Estamos parados en una cómoda zona de confort y en la inmovilidad. Si queremos que el PRI recupere su dignidad necesitamos que los beneficiarios del poder, que fueron muchos, den la cara por su partido.

Es urgente que defiendan, que propongan, que convoquen, siempre en el marco de la humildad y sin vedetismos: primero la institución, después los intereses personales.

El escenario que enfrentamos nos obliga a dejar las máscaras, a desnudarnos de cuerpo completo para sentir un poco de pudor y de vergüenza. Si no lo hacemos estaremos condenados a quedarnos en los terrenos del engaño y la simulación.

Que no nos quepa duda, debemos regresar las manecillas del reloj y comenzar de nuevo. 2020 debe ser el punto de partida para el Revolucionario Institucional: el año cero para caminar despacio, sin prisas, sólo de esa manera podremos avanzar… Un paso a la vez.

90 años del PRI

Este día, 4 de marzo de 2019, celebramos los 90 años del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Es una gran ocasión para agradecer a los militantes y simpatizantes su lealtad y compromiso con nuestro partido.

A lo largo de estos 90 años, hemos tenido una vida activa sirviendo a nuestro país, fuimos creadores de instituciones que han sido básicas para que la sociedad mejorara su nivel de vida. En estos años, hemos sido la primera fuerza política, pero también hemos sido –como ahora– un partido de oposición.

En estas nueve décadas, el PRI –al igual que otros organismos políticos– ha enfrentado una serie de altibajos, pero al mismo tiempo ha demostrado la capacidad que tiene para organizarse, para gobernar e impulsar proyectos que conducen al país por la senda del progreso.

En el marco de esta celebración, es una gran ocasión para mirar hacia el futuro y empezar a definir juntos cuál es el partido que queremos construir y cuál es partido que queremos para mejorar a México.

Es momento de tomar la decisión de mejorarnos y fortalecernos, de fondo. De crear y dirigir nuestro proceso de renovación. De generar propuestas que nos permitan retomar la confianza de los mexicanos.

Actualmente, nuestro país y estado necesita, en la oposición, un partido fuerte. Debemos generar equilibrios y contrapesos, pues ante un escenario de tanta incertidumbre como el que estamos atravesando, la ciudadanía –especialmente la poblana– busca certezas y el PRI, por nueve décadas, se las ha brindado.

Como integrante del Partido Revolucionario Institucional, comparto la manera de pensar de nuestra dirigente, Claudia Ruiz Massieu: “es momento de hacer las cosas diferentes, es tiempo de hacer las cosas mejor. Es tiempo de echarnos para adelante, es tiempo para los que no se rajan. Estos son tiempos para los que tienen la garra de salir adelante y conquistar el futuro”.

Nos comprometemos a volver a nuestras bases, a ser un partido abierto, que sale a los estados, a las calles a escuchar el sentir del priismo; a no tomar decisiones sin tomarlos en cuenta. Nos comprometemos a devolverle el partido a la militancia para que sea ella quien tome las decisiones y defina el rumbo del partido y del país.

Estamos entrando en una etapa en la que debemos formar un partido de ciudadanos que exijan un lugar, donde la militancia deba ser parte de la toma de decisiones.

Como priistas, todos juntos, definamos lo que queremos y cómo lo haremos.

Daremos garantía a las y los ciudadanos de que habrá participación, suelo parejo, para brindar un mejor desempeño a nivel municipal, estatal y nacional.

Las bases y la militancia deben ser lo más importante para el Partido Revolucionario Institucional.

Queremos y seguiremos vigentes, empíricos, eficientes, actuantes y combatientes.

Diversidad y pluralidad

En una sociedad, hombres y mujeres tienen formas particulares de vivir y expresarse, tienen gustos, ideologías y costumbres diferentes y pertenecen a uno o más grupos. La pluralidad se refiere a la existencia de esa variedad de características y factores dentro del grupo social. La diversidad, por su parte, hace referencia a las diferencias entre las personas en cuanto a su etnia, orientación sexual, raza, origen, lengua, religión, opinión y género, entre otros aspectos de la identidad de cada persona.

La pluralidad y diversidad favorece la convivencia, aunque en ocasiones, estas diferencias en vez de ser tomadas como oportunidades para enriquecer nuestras relaciones interpersonales, son motivo de disgusto, intolerancia, conflicto, violencia y, en los casos más extremos, son motivo de grandes violaciones a los derechos humanos.

La construcción de paz requiere la garantía de los derechos fundamentales de las personas en un contexto que valore la tolerancia y el respeto por la pluralidad y la diversidad.

Actualmente, en los tiempos constitucionales que corren y como adelanto del porvenir político y gubernamental del país, el tema de pluralidad y diversidad debe estar en el horizonte. La existencia de un sistema político diverso e institucionalmente sólido es una de las condiciones para que la democracia funcione adecuadamente.

En el caso del Partido Revolucionario Institucional, el PRI es un instituto político conformado por la pluralidad y la diversidad; por millones de mujeres y hombres –tanto servidores públicos como militantes– que trabajan día con día y que comulgan con nuestras causas, nuestra visión, nuestros principios y valores.

Los militantes y servidores públicos priistas trabajamos con miras y con ganas de fortalecer al partido, de salir al encuentro de la ciudadanía y volver a ganar su confianza. Trabajamos con seriedad para satisfacer las necesidades de la población, para construir y lograr acuerdos políticos. Trabajamos para hacer grande a México.

En estos tiempos, hay una militancia real que está comprometida con el partido y con su renovación. Los militantes actuales hemos dado, en lo interno, un paso adelante: ser un partido más abierto, más horizontal, más democrático, que comunique diferente.

Hoy por hoy, nuestra militancia cambió porque la ciudadanía cambió. Hoy por hoy, somos un partido más de ciudadanos que de masas. Hoy por hoy, somos un partido más incluyente, tomando en cuenta la diversidad y la pluralidad. Hoy por hoy, somos un partido más participativo, más exigente.

La democracia como ideal básico en el PRI

La democracia es una forma de gobierno donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas. El mecanismo fundamental de participación de la ciudadanía es el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, a través del cual elige a sus dirigentes o representantes para un periodo determinado.

La democracia se basa en la voluntad libremente expresada por el pueblo y está estrechamente vinculada al ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales. En otras palabras, democracia y gobernanza democrática significan que los derechos humanos y las libertades fundamentales son respetadas, promovidas y se cumplen, permitiendo que las personas vivan con dignidad.

Los individuos participan en las decisiones que afectan a sus vidas y pueden exigir cuentas a quienes las toman, con base en normas inclusivas y justas, instituciones y prácticas que gobiernan las interacciones sociales.

La gobernanza democrática alimenta políticas sociales y económicas que atienden a las necesidades y aspiraciones de la gente, que se orientan a erradicar la pobreza y a ampliar las oportunidades que las personas tienen en sus vidas y que respetan las necesidades de futuras generaciones.

La gobernanza democrática es el proceso de crear y mantener un entorno para acuerdos y procesos políticos inclusivos que responden a los intereses ciudadanos.

La democracia es un ideal reconocido mundialmente y, en términos históricos, los partidos políticos tienen una reciente vinculación íntima con la democracia, a grado tal que hoy no se concibe ésta sin la existencia y la actuación de los partidos políticos.

En lo que concierne específicamente al Partido Revolucionario Institucional (PRI), la democracia interna es uno sus de los valores básicos. Para calibrar la democracia interna es preciso considerar al menos cuatro elementos: el nivel de respeto y garantía de los derechos fundamentales dentro del partido; la organización y los procedimientos internos. Lo indispensable en este ámbito consiste en que la voluntad se forme de abajo hacia arriba y nunca en sentido inverso.

En cuanto a la democracia externa, el PRI hace posible o viables las decisiones mayoritarias e impiden excluir de los derechos a las minorías, permiten el consenso, pero también el disenso y, por tanto, la tolerancia y el libre debate de ideas, programas políticos y leyes.

En resumen, la democracia tanto externa como interna suministra un medio para la protección y el ejercicio efectivo de los derechos humanos. La democracia es tanto un proceso como una meta, y sólo con la plena participación y el apoyo de los órganos nacionales de gobierno, la sociedad civil y los individuos puede el ideal de democracia tornarse en realidad para ser disfrutado por todos, en todos lados.

Como base del PRI, constancia y disciplina

El concepto constancia proviene del latín “constantia” y es la firmeza y perseverancia en las resoluciones. Se trata de una actitud o de una predisposición del ánimo respecto a un propósito. Dicho en otras palabras, la constancia es la prueba -o virtud- que nos conduce a llevar a cabo lo necesario a fin de alcanzar las metas que nos hemos propuesto, pese a las dificultades o a la disminución de la motivación personal por el tiempo transcurrido.

Esta virtud sustenta el trabajo, es la fuerza de voluntad y el esfuerzo continuo para llegar a la meta propuesta. Por tanto, se considera que una persona es constante cuando es responsable y trabaja arduamente en lograr sus metas.

Por otro lado, la disciplina deriva del latín “discipulus”, que significa discípulo: quien recibe una enseñanza de otro. Sin embargo, esta palabra está definida como la manera ordenada y sistemática de hacer las cosas, siguiendo un conjunto de reglas y normas estrictas que, por lo general, la rigen una actividad o una organización.

A la disciplina se le entiende como la labor que ejerce una persona para enseñar o adquirir buenos hábitos, abarcando todas aquellas reglas de comportamiento que elabora y las medidas que ocupa para cerciorarse de que dichas reglas se cumplan.

Tanto la constancia como la disciplina son valores que se deben inculcar desde temprana edad a modo de incentivar a las mujeres y a los hombres del mañana a ser personas comprometidas y de voluntad fuerte.

Por esa razón, la constancia y la disciplina forman parte del ADN del Partido Revolucionario Institucional (PRI), pues todos los militantes somos individuos que trabajamos bajo esos valores con el fin de lograr nuestro único objetivo: tener un país ejemplo, sin corrupción ni tiranías.

Como muestra de ello, está nuestro Código de Ética Partidaria, el cual establece los principios con los que nos regimos, y los primeros son la constancia y la disciplina:

  • Constancia
  • Disciplina
  • Honestidad
  • Lealtad
  • Militancia
  • Veracidad
  • Transparencia

El priista -en el ejercicio de esa moral- debe ser leal, honesto, responsable, solidario, constante y disciplinado, sobre todas las cosas, a la república, a las instituciones nacionales, al partido y a las reivindicaciones que este postula en beneficio del pueblo y de la nación. Dejando de lado, asimismo, todo propósito de beneficio propio que cause ruptura o desprestigio al partido.

Necesitamos un México Incluyente

De acuerdo con la reciente encuesta nacional de calidad e impacto gubernamental del INEGI, los principales problemas que preocupan a la población mexicana son inseguridad (violencia y delincuencia), desempleo, corrupción, pobreza, mal desempeño del gobierno, salud, educación y mala aplicación de la ley.

Los niveles de pobreza, desigualdad y exclusión social que enfrenta México constituyen no solo un desafío político, sino también una contradicción con el nivel de desarrollo alcanzado por nuestro país.

La desigualdad y la pobreza generan una frustración en amplios segmentos de la población, erosionan la cohesión social y abren el camino al conflicto y la violación de la ley con graves consecuencias para la paz pública, la fortaleza de las instituciones, así como para el desarrollo sostenible del país.

Lograr un país incluyente no depende de una sola institución o de un orden de gobierno, es una tarea que nos involucra a todos. Hace falta una sociedad comprometida consigo y, a su vez, un país más incluyente y participativo, que acerque a la gente a los servicios y que mueva la economía para promover desarrollo real.

Actualmente, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) está trabajando para ser un partido que una y sume para así poder ofrecer soluciones a los problemas más urgentes del país. A través de su constante transformación, nuestro instituto político ha realizado contribuciones centrales para la construcción y el desarrollo de un México mejor. Estas dan prueba de que ha sabido construir un liderazgo en democracia y de que sabe proponer y dialogar para llegar a acuerdos por el bien de nuestro país.

El PRI está respondiendo a los desafíos con instituciones que han marcado la historia de nuestro país, y cuando estas no están a la altura de los retos que enfrenta México, también está impulsando su renovación.

De la mano de una sociedad organizada de manera participativa, democrática y libre, el PRI es un partido que está promoviendo la visión de un México incluyente, que honra los principios y valores que le dan sustento a su ideología y a su actividad política.

Hoy, nuestro instituto político enarbola una agenda por la igualdad, que retoma la aspiración de su lema: “democracia y justicia social”, a fin de construir un espacio en el que todas y todos sean parte de los beneficios del desarrollo.

Garantizamos el ejercicio de los derechos sociales y cerramos las brechas de desigualdad social que aún nos dividen. Nuestro objetivo es que el país se integre por una sociedad con equidad, cohesión social e igualdad sustantiva.

Esto implica hacer efectivo el acceso a servicios básicos, agua potable, drenaje, saneamiento, electricidad, seguridad social, educación, alimentación y vivienda digna.

México incluyente es un país en donde los derechos no solo sean un ideal, sino una realidad permanente en la vida diaria de sus habitantes. Significa elegir la inclusión sobre la discriminación. Significa crear unidad a partir de la diversidad.

Congruencia como característica

La noción de congruencia, en la política, no puede entenderse como mera coherencia lógica. Al hablar de congruencia, se alude automática o implícitamente a un conjunto de ideales, valores y principios que son –por decirlo de algún modo– las premisas constitutivas de los partidos políticos. Estos factores conforman su marco ideológico más general. Es decir, tiene que ver con lo que podríamos denominar su “esencia”.

Este concepto puede observarse en la relación de coherencia que hay entre las acciones y aquello que se predica.

El Partido Revolucionario Institucional tenía la obligación ética y política de tener un comportamiento diferente a cuando fue un partido hegemónico. En esa oportunidad que le otorgaba la ciudadanía, tenía que demostrar en los hechos que era un partido diferente.

Ahora, el PRI demostrará «haber aprendido la lección» y demostrar, en los hechos, la eficiencia, hacer de todos sus actos una rendición de cuentas y transparentar todo lo hecho y por hacer. La mayor ruptura que se le ha dado es en el eje de la confianza, y para recuperarla, la fidelidad debe ser hacia los ciudadanos.

La congruencia deberá ser el pilar fundamental de su ser, de su misión y visión, de su corazón ideológico; es decir, de su identidad.

En el PRI, todos los militantes debemos poner en práctica los valores y principios que predicamos, los mismos que se establecen en nuestro Código de Ética Parlamentaria: constancia, disciplina, honestidad, lealtad, militancia, veracidad y transparencia. Es decir, como priistas debemos realizar el ejercicio de esa moral.

En otras palabras, debemos ser congruentes en lo que hacemos y decimos, tanto en lo interno como en lo externo. La congruencia debe regir nuestra acción política; no sólo en nuestras buenas intenciones, sino en nuestras acciones concretas.

Y como Partido Revolucionario Institucional, todos los militantes debemos estar unidos en esa congruencia, en ese hacer y decir, en esa práctica moral de nuestro Código de Ética. Unidos para poder atravesar y enfrentar los obstáculos que se nos presenten; unidos para reflexionar y analizar los aciertos y desaciertos que tuvimos. Y sobre todo, unidos para poder recuperar la confianza de los ciudadanos.

En estos momentos y en los que vendrán, la unidad y la congruencia son las que marcarán la diferencia. La congruencia será un distintivo de cualquier militante del PRI y de cualquiera que aspire a serlo.

Unidad: lo que el PRI debe alcanzar

El concepto “unidad” viene etimológicamente del latín “Unitas” y se define como todo aquello que se presenta de manera homogénea o compacta o designa a todo aquello que se encuentra de manera uniforme, unido y semejante en el mundo.

La idea de unidad proviene justamente del término “uno”, es decir, una sola cosa, un solo elemento. En otras palabras, algo que no permita la división ya que significaría la deformación o pérdida de su esencia.

La unidad puede presentar diferentes significados y esto dependerá del contexto en donde se aplique el término. Socialmente hablando, la unidad puede representar dos aspectos: uno positivo y uno negativo. El primero cuando se refleja el trabajo mutuo y ordenado entre las personas para un logro de objetivo; el segundo cuando, en determinadas formas de gobierno, regímenes o concepciones sociales y culturales, se piensa que lo diferente es malo y peligroso y que, por lo tanto, debe ser apartado o eliminado.

De ahí que la unidad social está vinculada con el propósito de “unirse” entre todos, dejando a un lado las diferencias -o a pesar de las diferencias- a fin de lograr una meta común.

Por otra parte, la política surgió, precisamente, como una forma desatinada de marcar diferencias entre bandos, sin recurrir a las armas. La política, en sentido histórico con base en la fórmula de Clausewitz -militar prusiano, uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna-, es la continuación de la guerra por otros medios. La política, por lo tanto, ha de tener lugar sobre un campo dividido e incluso fragmentado.

Retomando lo anterior y vinculándolo en particular con la situación por la que atraviesa nuestro partido, el Partido Revolucionario Institucional, hoy más que nunca en el PRI debemos estar realmente unidos.

Unidos para poder atravesar y enfrentar cualquier obstáculo que esté presente; unidos para reflexionar y analizar los aciertos y desaciertos que tuvimos. Y, sobre todo, unidos para poder recuperar la confianza de los ciudadanos.

Hoy la unidad es la única que hará y marcará la diferencia. Depende de nosotros, los militantes, hacer esto posible. Mantengamos la fuerza, cerremos filas. Sigamos trabajando por y para los poblanos.

La unidad del pueblo y de su gobierno es la expresión del fin superior que la política debe alcanzar.

Código de Ética Partidaria

Para el Partido Revolucionario Institucional la política es eminentemente ética. La ética rige a la acción política y al político tanto en su aspecto público como personal. La ética política del PRI está inspirada en los valores y principios que son esencia de la doctrina del partido. Estos valores y principios nos exigen que la acción política dirija sus conductas a la consecución del bien común, practicando la libertad, soberanía, democracia y justicia.

Esta política no solo es posible, sino obligatoria; está regida y conformada por el conocimiento de la realidad social, por normas éticas y por exigencias de generosidad personal. La responsabilidad del político no solo se mide por sus buenas intenciones, sino por sus acciones concretas, por los medios que emplea y por sus resultados. Es por ello que el servidor público miembro del PRI deberá dar cuenta tanto de la eficacia como de la calidad ética de su desempeño.

Esto nos obliga también a actuar en congruencia con nuestros programas de gobierno, que tienen como fin crear las condiciones para el desarrollo integral. Las actuaciones del PRI deberán ser reconocidas por su transparencia, honradez, humanismo, eficiencia y espíritu de servicio.

Es por ello que se estableció el Código de Ética Partidaria como instrumento didáctico a fin de que el servidor público tenga un modelo a seguir en el cumplimiento de su función y para que los ciudadanos puedan vigilar su complimiento y pedir cuentas a quien no lo cumpla.

Las disposiciones del Código de Ética Partidaria son de observancia general y nacional para todos los miembros, militantes, cuadros, dirigentes y simpatizantes del Partido Revolucionario Institucional y su aplicación corresponde a las Comisiones de Justicia Partidaria y a las Defensorías de los Derechos de los Militantes en sus respectivas competencias.

Los principios y valores que establece este Código son:

  • Constancia
  • Disciplina
  • Honestidad
  • Lealtad
  • Militancia
  • Veracidad
  • Transparencia

Entonces el priista, en el ejercicio de esa moral, debe ser leal, honesto, responsable y solidario sobre todas las cosas a la república, a las instituciones nacionales, al partido y a las reivindicaciones que este postula en beneficio del pueblo y de la nación, dejando de lado todo propósito de beneficio propio que cause ruptura o desprestigio al partido.

Los militantes, especialmente los candidatos, deben comprometerse a cumplir el Código de Ética Partidaria y a desempeñarse en términos de este: de la estricta observancia de la ley, la preservación de los bienes de la Nación encomendados a su cuidado, la eficiencia en su función -y ratificarlo- y respeto a los intereses de nuestro país.

Siguiendo en esta línea, el partido obliga a que los servidores públicos sean de probada convicción liberal, revolucionaria, nacionalista y estrictos observantes de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y de los Documentos Básicos.

El incumplimiento de este dará lugar al procedimiento y a las sanciones que correspondan. Asimismo, el partido tiene la obligación de denunciar al militante que contravenga este Código para que sea sometido al procedimiento estatutario a que haya lugar por la falta cometida.

En resumen, el Código de Ética Partidaria tiene el objetivo de evitar actos ilícitos por parte de candidatos y funcionarios militantes del Partido Revolucionario Institucional.

Nos corresponde a los militantes hacerlo honrar y valer.

Le vamos a México y con el PRI México va a ganar

La Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional, como órgano supremo del Partido, tiene entre otras atribuciones, la de emitir y reformar los documentos básicos del partido. Así en cumplimiento a los estatutos del Partido Revolucionario Institucional, la convocatoria para la realización de la XXII Asamblea Nacional ordinaria del PRI, y previo a un trabajo de cuatro meses, con la participación de toda la militancia priista, se llevaron a cabo, reuniones de los sectores, organizaciones, organismos especializados y organizaciones adherentes del partido.

En estos trabajos se conformaron cinco mesas temáticas: visión de futuro; rendición de cuentas y ética; declaración de principios; programa de acción; estatutos, con las cuales la Comisión Nacional de Dictamen elaboro sus dictámenes, mismos que se pusiesen a consideración de la de la Asamblea Nacional.

En cumplimiento a los estatutos y la convocatoria, el doce de agosto pasado, en el Palacio de los Deportes, con la asistencia del primer Priista, el presidente de la Republica, licenciado, Enrique Peña Nieto, se llevó a cabo en sesión plenaria la XXII Asamblea Nacional ordinaria del PRI. En la Asamblea Nacional se acordaron una serie de modificaciones a los documentos básicos del Partido Revolucionario Institucional.

Algunas de las modificaciones que se aprobaron fueron la posibilidad de que puedan participar a cargos de elección popular, tanto priistas como simpatizantes no afiliados, con esto, cualquier ciudadano puede convertirse en candidato en cualquiera de los niveles, incluso a la presidencia.

También se aprobó la eliminación del requisito de 10 años de militancia para quienes sí están afiliados al partido, con ello se establece la posibilidad de que participen un mayor número de candidatos jóvenes. Se acordó otorgar 30 por ciento de candidaturas a jóvenes, así como 10 por ciento para indígenas, con lo que asegurará la equidad en la postulación de candidatos.

Otra de las propuestas aprobadas fue la de prohibir que quienes desempeñen el cargo de senadores de la República, diputados federales y locales por el principio de representación proporcional, no podrán ser postulados en la elección consecutiva para el mismo cargo y por la misma vía. También se concedieron nuevas atribuciones a la dirigencia nacional para definir los temas de coalición y se creó una Secretaría Anticorrupción en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN).

Con los cambios acordados a los documentos básicos del Partido Revolucionario Institucional, resultado de los trabajos previos a la Asamblea Nacional, se vislumbra el deseo de transformación y modernización del Partido, y se reconoce que solo con la participación de todos los actores es posible lograr la trasformación del país, lo que sin duda va a ser en beneficio de los mexicanos; porque le vamos a México y con el PRI México va a ganar.