christian ayala apoyemos una nueva esperanza

Difundamos la labor de Christian Ayala por los niños con cáncer

Los mexicanos siempre nos hemos caracterizado por ser una sociedad solidaria, que encuentra la forma de tenderle la mano a quien más lo necesita. En ese contexto, no tengo la menor duda de que con la debida difusión y promoción, los esfuerzos individuales por ayudar a los más desprotegidos siempre encontrarán eco entre los integrantes de la sociedad.

Por ello, es que al conocer del trabajo realizado por el nadador Christian Ayala y la organización Una Nueva Esperanza a favor de los niños de bajos recursos que padecen cáncer, he decidido presentar ante el Congreso del Estado una iniciativa para exhortar al Gobernador de Puebla, Antonio Gali Fayad y al propio Poder Legislativo de la entidad para que en la medida de sus posibilidades y a través de sus órganos de difusión, divulguen que los recursos recolectados por el nadador poblano, en el cruce alrededor de la isla de Manhattan en los Estados Unidos, que se llevará a cabo el 20 de agosto del año en curso, se destinarán a favor de los niños que sufren de esta enfermedad y que no se persigue ningún tipo lucro.

Sin duda, este es un excelente momento para apoyar causas como la de Christian Ayala quien a lo largo de mucho tiempo ha realizado importantes hazañas en el deporte, siempre persiguiendo el objetivo de ayudar a miembros de la sociedad que se enfrentan a situaciones verdaderamente lamentables y que necesitan de esa mano de ayuda más que nadie.

Por eso, como sociedad nos debemos unir para que entre las organizaciones, los ciudadanos, las autoridades, las instituciones educativas, entre otros, podamos difundir estas acciones que intentan recaudar la mayor cantidad de fondos posibles con la única y valiosa intención de ayudar a quien más lo está necesitando.

Es importante decir que la organización Una Nueva Esperanza se distingue por no perseguir fines de lucro y que con sus actos favorece las condiciones socioeconómicas de los niños y jóvenes de escasos recursos diagnosticados con cáncer que no tienen seguridad social. A este invaluable trabajo se ha sumado Christian Ayala quien dona todo su esfuerzo, tiempo y recursos para impulsar una causa en la que toda la sociedad nos debemos involucrar de manera activa.

Desafortunadamente, el cáncer es una de las enfermedades más devastadoras de nuestros días. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el término “cáncer infantil” generalmente se utiliza para designar distintos tipos de cáncer que pueden aparecer en los niños antes de cumplir los 15 años. Las tasas mundiales de incidencia oscilan entre 50 y 200 por cada millón de niños en las distintas partes del planeta.

En México el cáncer es la segunda causa de muerte infantil, en la población de entre cinco y catorce años. De los cerca de 7 mil casos nuevos que se detectan al año, solo mil 500 niños reciben una atención adecuada y los otros 5 mil 500 no tienen seguridad social.

Ante la necesidad de que los niños que carecen de seguridad social y que fueron diagnosticados con cáncer, surgió en nuestro estado “Una Nueva Esperanza”, que es una organización sin fines de lucro en Puebla, que favorece las condiciones socioeconómicas de los niños y jóvenes de escasos recursos diagnosticados con este padecimiento.

No obstante, la labor de esta organización requieren de recursos económicos que ayuden a sufragar los gastos propios de la asociación, por lo que Una Nueva Esperanza, recibe donativos en especie, en efectivo, vía telefónica.

En ese sentido es que el nadador poblano Christian Ayala se ha sumado a esta loable labor desde hace muchos años, teniendo excelentes resultados y recaudando recursos que son buenas aportaciones a la labor de la organización pero que como en la mayoría de los casos, nunca serán suficientes ante la detección de más niños que requieren de la atención.

Como sociedad organizada es momento de apoyar. Y a las autoridades se les solicitan den todo su apoyo para difundir a través de todos los medios posibles esta importante labor, con el objetivo de más personas se interesen en patrocinar o bien donar recursos para este tipo de hazañas que lejos de pretender poner en alto el nombre de alguien, lo único que buscan es poder dar un poco de ayuda a quien más lo necesita.

Ver Video de mi discurso en la tribuna del Congreso del Estado.

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Cultura de prevención y protección civil desde la infancia

La mayoría de nuestras habilidades las comenzamos a desarrollar en la niñez. Y es que en esa etapa de la vida las capacidades de aprendizaje están en un punto determinante para captar, asimilar, entender y poner en práctica nuevas enseñanzas. De ahí el interés de que comencemos con la formación de nuestras niñas y niños en un marco de una nueva cultura de prevención de riesgos, sobre todo en una entidad como Puebla cuya ubicación y geografía la hace propensa a constantes peligros por fenómenos naturales.

En ese contexto es que, como ciudadano preocupado por arraigar la cultura de la prevención y en mi calidad de diputado local, presenté ante el Congreso del Estado una iniciativa para reformar la Fracción II y adicionar la Fracción VIII al Artículo 66 de la Ley Estatal de Protección Civil, con la finalidad de que se trabaje en fomentar la cultura de la prevención entre los niños y, también, se dé atención prioritaria para la población vulnerable en estas condiciones.

La intención es que se desarrollen las estrategias necesarias para generar la promoción, desde la niñez, de una cultura de responsabilidad social dirigida a la protección civil con énfasis en la prevención y autoprotección respecto de los riesgos y peligros que representan los agentes perturbadores y su vulnerabilidad.

Tenemos perfectamente claro que en el caso de Puebla existen registros de inundaciones y desbordamientos, historia sísmica, actividad volcánica, incendios forestales, usos de suelo irregulares, concentración promedio anual por contaminante atmosférico y elevaciones en los Ríos Atoyac, Alseseca y San Francisco; fenómenos que ponen en riesgo los asentamientos humanos.

De acuerdo con el Diagnostico Nacional de los Asentamientos Humanos, los desastres que han generado mayor costo económico al país han sido los ocasionados por los sismos de 1985; las severas inundaciones que se produjeron en Tabasco, Oaxaca y Puebla en 1999, así como el hecho de que entre 1990 y 2000 se han registrado 73 sismos con magnitudes superiores a los 7 grados, siendo las zonas que han presentado mayores intensidades los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima, Chiapas, y las regiones Río Balsas Interiores, Veracruz-Oaxaca y Puebla-Morelos.

En todos estos acontecimientos, o al menos en su mayoría, el estado de Puebla se ha visto involucrado. Y aunque evidentemente, nuestra conciencia como sociedad ha evolucionado a favor de incrementar las medidas de precaución, aún es evidente que hace falta corregir aspectos que si desde la niñez ponemos atención, los impactos negativos podrán ser minimizados e incluso, hasta cierto punto, controlables.

En ese sentido, es fundamental incrementar la cultura de protección civil entre nuestra sociedad, para lo cual es necesario que la misma se inculque desde la niñez, preparando a las futuras generaciones con conocimientos que les permitan saber qué hacer y cómo actuar ante riesgos de origen natural o antrópico. Esto porque se considera que los niños son unos grandes aliados en el impulso de la protección civil, pues además de replicar la información al interior de sus hogares, empiezan a desarrollar acciones preventivas como un estilo de vida.

Ahora bien, existe una realidad ante la que no podemos cerrar los ojos y que tiene que ver con que en la actualidad existen grupos vulnerables en condición de riesgo de acuerdo al lugar en donde se encuentran asentados.

Al respecto no podemos cruzar los brazos y por eso esta iniciativa también incluye reformas que los atiendan. Se trata de que las políticas oficiales en la materia tengan atención prioritaria para la población vulnerable por la condición de riesgos y peligros en la que se encuentran, donde se tome en consideración sus condiciones de precariedad económica, de vivienda, por ubicación geográfica, ello sin importar el asentamiento humano en el que se encuentra, esto es, si está en un contexto urbano, en aludes, en la montaña y en sequías.

Lo anterior con el objetivo de concebir a la protección no solo como un servicio público al que tiene derecho el ciudadano y que es responsabilidad del Estado en sus tres niveles de gobierno, sino brindarlo desde luego con la participación de la sociedad, donde la cultura de la protección debe inculcarse desde la niñez y donde las políticas públicas den mayor atención a los grupos con mayor vulnerabilidad por la condición de debilidad en la que se encuentran.