Código de Ética Partidaria

Para el Partido Revolucionario Institucional la política es eminentemente ética. La ética rige a la acción política y al político tanto en su aspecto público como personal. La ética política del PRI está inspirada en los valores y principios que son esencia de la doctrina del partido. Estos valores y principios nos exigen que la acción política dirija sus conductas a la consecución del bien común, practicando la libertad, soberanía, democracia y justicia.

Esta política no solo es posible, sino obligatoria; está regida y conformada por el conocimiento de la realidad social, por normas éticas y por exigencias de generosidad personal. La responsabilidad del político no solo se mide por sus buenas intenciones, sino por sus acciones concretas, por los medios que emplea y por sus resultados. Es por ello que el servidor público miembro del PRI deberá dar cuenta tanto de la eficacia como de la calidad ética de su desempeño.

Esto nos obliga también a actuar en congruencia con nuestros programas de gobierno, que tienen como fin crear las condiciones para el desarrollo integral. Las actuaciones del PRI deberán ser reconocidas por su transparencia, honradez, humanismo, eficiencia y espíritu de servicio.

Es por ello que se estableció el Código de Ética Partidaria como instrumento didáctico a fin de que el servidor público tenga un modelo a seguir en el cumplimiento de su función y para que los ciudadanos puedan vigilar su complimiento y pedir cuentas a quien no lo cumpla.

Las disposiciones del Código de Ética Partidaria son de observancia general y nacional para todos los miembros, militantes, cuadros, dirigentes y simpatizantes del Partido Revolucionario Institucional y su aplicación corresponde a las Comisiones de Justicia Partidaria y a las Defensorías de los Derechos de los Militantes en sus respectivas competencias.

Los principios y valores que establece este Código son:

  • Constancia
  • Disciplina
  • Honestidad
  • Lealtad
  • Militancia
  • Veracidad
  • Transparencia

Entonces el priista, en el ejercicio de esa moral, debe ser leal, honesto, responsable y solidario sobre todas las cosas a la república, a las instituciones nacionales, al partido y a las reivindicaciones que este postula en beneficio del pueblo y de la nación, dejando de lado todo propósito de beneficio propio que cause ruptura o desprestigio al partido.

Los militantes, especialmente los candidatos, deben comprometerse a cumplir el Código de Ética Partidaria y a desempeñarse en términos de este: de la estricta observancia de la ley, la preservación de los bienes de la Nación encomendados a su cuidado, la eficiencia en su función -y ratificarlo- y respeto a los intereses de nuestro país.

Siguiendo en esta línea, el partido obliga a que los servidores públicos sean de probada convicción liberal, revolucionaria, nacionalista y estrictos observantes de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y de los Documentos Básicos.

El incumplimiento de este dará lugar al procedimiento y a las sanciones que correspondan. Asimismo, el partido tiene la obligación de denunciar al militante que contravenga este Código para que sea sometido al procedimiento estatutario a que haya lugar por la falta cometida.

En resumen, el Código de Ética Partidaria tiene el objetivo de evitar actos ilícitos por parte de candidatos y funcionarios militantes del Partido Revolucionario Institucional.

Nos corresponde a los militantes hacerlo honrar y valer.

Ética: el arte de vivir bien

La ética –como ciencia o como disciplina filosófica– fue iniciada por Sócrates, primero quien teorizó sobre los conceptos morales básicos: lo bueno y la virtud. Es decir, fijó su mirada en algo más cercano y a su alcance: cómo vivir del modo correcto.

Decenas de teorías basan la ética en el placer, otros en la virtud, otros en el bienestar de la mayoría. Distintas interpretaciones que, en realidad, tratan de dar solución al mismo problema: conocer las pautas de acción y pensamiento que permitan al ser humano vivir bondadosamente, feliz y en paz.

Dos han sido las grandes ramas que han distinguido la ética:

  • Deontológica: se centra básicamente en buscar un código, unas reglas comunes y aplicables a todas las situaciones para que el individuo o la sociedad tenga un marco moral al que atenerse. De este modo, todo hombre o mujer puede agarrarse a unos principios morales que son invariables, determinando claramente qué actuaciones son buenas y cuáles no.
  • Teleológica: se diferencia de la anterior en que no traza reglas concretas, sino un solo dogma: bien está aquello que bien acaba. Es decir, si la consecuencia de las acciones es positiva, moralmente buena, también es ética. Una sencilla norma que se puede aplicar siempre.

Dicho de otra manera, la deontología aspira a la universalidad de los valores morales; la teleología busca la moralidad de los fines.

Si bien, tanto el término “ética” como “moral” tienen un origen similar y a menudo se usan como sinónimos, no está de más hacer una clara diferenciación. Por un lado, moral sería la experiencia humana encargada de distinguir aquello que debemos hacer de aquello que no debemos hacer. Separar aquello que está bien de aquello que está mal.

La ética, en cambio, es lo que conocemos como “filosofía de la moralidad”, el estudio de la misma, la reflexión teórica que realizamos acerca de nuestra experiencia moral. Si la primera se enfoca en el bien y el mal, esta última se pregunta cuáles son los criterios que usamos para hacer esa diferenciación, cómo se originan nuestros valores morales y de qué modo se relacionan con conceptos como el de la felicidad, etc.

Toda conducta ha de estar regida por un código de valores y, a diferencia de otros seres vivos cuyo instinto innato los guía, el ser humano ha de escoger los suyos propios. No le vienen dados por la naturaleza. Ha de crearlos.

Por ello, nos convierte en los seres más avanzados del planeta, pero nos carga de responsabilidad de nuestra existencia. Hemos de construir nuestros valores para dirigir nuestra conducta, y para poder establecer los mismos, tenemos que saber antes qué es el bien y qué es el mal, cómo alcanzamos la felicidad, qué comportamiento es virtuoso, qué objetivos hemos de perseguir.

En conclusión, la ética es ni más ni menos que el “arte de vivir bien”.