Como base del PRI, constancia y disciplina

El concepto constancia proviene del latín “constantia” y es la firmeza y perseverancia en las resoluciones. Se trata de una actitud o de una predisposición del ánimo respecto a un propósito. Dicho en otras palabras, la constancia es la prueba -o virtud- que nos conduce a llevar a cabo lo necesario a fin de alcanzar las metas que nos hemos propuesto, pese a las dificultades o a la disminución de la motivación personal por el tiempo transcurrido.

Esta virtud sustenta el trabajo, es la fuerza de voluntad y el esfuerzo continuo para llegar a la meta propuesta. Por tanto, se considera que una persona es constante cuando es responsable y trabaja arduamente en lograr sus metas.

Por otro lado, la disciplina deriva del latín “discipulus”, que significa discípulo: quien recibe una enseñanza de otro. Sin embargo, esta palabra está definida como la manera ordenada y sistemática de hacer las cosas, siguiendo un conjunto de reglas y normas estrictas que, por lo general, la rigen una actividad o una organización.

A la disciplina se le entiende como la labor que ejerce una persona para enseñar o adquirir buenos hábitos, abarcando todas aquellas reglas de comportamiento que elabora y las medidas que ocupa para cerciorarse de que dichas reglas se cumplan.

Tanto la constancia como la disciplina son valores que se deben inculcar desde temprana edad a modo de incentivar a las mujeres y a los hombres del mañana a ser personas comprometidas y de voluntad fuerte.

Por esa razón, la constancia y la disciplina forman parte del ADN del Partido Revolucionario Institucional (PRI), pues todos los militantes somos individuos que trabajamos bajo esos valores con el fin de lograr nuestro único objetivo: tener un país ejemplo, sin corrupción ni tiranías.

Como muestra de ello, está nuestro Código de Ética Partidaria, el cual establece los principios con los que nos regimos, y los primeros son la constancia y la disciplina:

  • Constancia
  • Disciplina
  • Honestidad
  • Lealtad
  • Militancia
  • Veracidad
  • Transparencia

El priista -en el ejercicio de esa moral- debe ser leal, honesto, responsable, solidario, constante y disciplinado, sobre todas las cosas, a la república, a las instituciones nacionales, al partido y a las reivindicaciones que este postula en beneficio del pueblo y de la nación. Dejando de lado, asimismo, todo propósito de beneficio propio que cause ruptura o desprestigio al partido.