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Necesario vernos en el espejo del Amazonas

La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no para la avaricia de cada hombre

Mahatma Gandhi.

Este abuso al que se refiere Mahatma Gandhi es el que ha llevado a situaciones límite diversas partes del planeta en el que se ha puesto en riesgo su deterioro, pero sobre todo la supervivencia de muchas especies. Ejemplos tenemos todos los días, como los escándalos que llaman la atención de la prensa mundial, como el caso más reciente con los incendios en Amazonas, pero otros que de manera inconsciente provocamos con nuestra forma y estilo de vida.

De ahí la importancia de voltear la mirada a lo que pasa en otras partes del mundo, pero sobre todo ser conscientes y responsabilizarnos de nuestros hábitos, usos y costumbres respecto a nuestra vida diaria y la relación con el medio ambiente, pues ambos, tanto los que suceden en otras partes, como los que provocamos nosotros mismos, impactan de manera negativa a nuestro planeta. Como diría Thomas Berry “El mundo natural es la comunidad sagrada más grande a la que pertenecemos. Dañar esta comunidad es disminuir nuestra propia humanidad.” De ahí la importancia de vernos reflejados en lo que sucede en Amazonas, como una alerta de como nos comportamos respecto a nuestra propia realidad ecológica.

El Ecocidio es el daño grave, la destrucción o la pérdida de ecosistemas de un territorio concreto, ya sea por mediación humana o por otras causas, a un grado tal que el disfrute pacífico de ese territorio por sus habitantes se vea severamente disminuido. Este es el caso del Amazonas, que durante las últimas semanas ha estado ardiendo, devastando uno de los pulmones más importantes del planeta. Estos hechos han desatado todo tipo de comentarios, indignaciones y posiciones políticas; sin embargo, lo más grave son las consecuencias que genera al ecosistema y el daño irreversible a los ciclos vitales. Dentro de los señalamientos más comunes se encuentran: “la indiferencia mundial, las políticas negacionistas de Bolsonaro, abusos del capitalismo, acusaciones a las ONG de los incendios, apoyo a grandes negocios agroindustriales, crítica ante la falta de indignación por parte de liderazgos internacionales, y hasta una pugna desatada en el G7 de parte de Macron en contra de Brasil y su presidente.” Todas estas posiciones no salvan, ni contribuyen a solucionar la grave crisis en la que está en riesgo el 10% de la biodiversidad mundial, el hábitat de 34 milones de habitantes y aproximadamente el 20% del agua del planeta.

Además de las soluciones globales que se están proponiendo para esta crisis, me parece fundamental que volteemos la mirada a aquello que está en nuestras manos hacer y de manera solidaria y práctica contribuye a una mejor conservación del medio ambiente. Comparto algunas medidas que organizaciones internacionales proponen para estos fines:

• Estar informado permite saber qué hacer para proteger el medio ambiente.

• Actúa. Cada una de tus acciones impacta negativa o positivamente nuestros ecosistemas. No creas que tirar una basura no importa porque sólo es una… no creas que levantar una basura no sirve porque sólo es una. Todo cuenta, así que cada cosa que hagas que sea en favor del planeta.

• Exige a los tomadores de decisiones, a tus gobiernos (municipales, locales o federal) políticas públicas en beneficio del medio ambiente.

• La quema de combustibles fósiles ocasiona más cambio climático, por ello para evitar el calentamiento global disminuye tu consumo de petróleo

• Usa bicicleta, transporte público o comparte el auto cuando lo utilices. Si ya lo haces puedes exigir más y mejores formas de movilidad en tu ciudad que beneficien a más personas. Una forma práctica de compartir el transporte es en el traslado de los hijos al colegio a través de rondas con los vecinos.

• Elige productos que no estén envasados en plástico y recicla o reutiliza los envases.

• Compra frutas y verduras orgánicas (los fertilizantes y pesticidas suelen ser derivados del petróleo).

• Comprar productos de belleza (shampoo, jabón o maquillaje) elaborados con ingredientes naturales, no derivados del petróleo.

• Elige productos elaborados localmente. De esta manera se reduce el consumo de combustibles empleados para su transporte.

• Prefiere la ropa hecha de algodón orgánico y no de materiales derivados del petróleo.

• No uses artículos desechables.

• Cambia tu calentador por uno solar.

• Aprovecha la energía solar. No sólo como luz natural, también como fuente para recargar tus aparatos, hay cargadores solares para muchas cosas como celulares, relojes, calculadoras, etc.

• No desperdicies energía. Apaga las luces que no utilices y desconecta los aparatos eléctricos.

• Cambia definitivamente los focos de bombilla por focos ahorradores.

• Tu refrigerador usa más energía que cualquier otro aparato en tu hogar pero éstos son los pasos para mantener su consumo de energía al mínimo.

1. Mantenerlo en entre 3 y 5°C, el congelador en entre -17 y -15°C.

2. Abre la puerta lo menos posible y por un corto periodo para conservar la energía.

3. No lo ubiques cerca de una fuente de calor.

4. Limpia los carretes del condensador que se encuentran detrás o debajo del refrigerador por lo menos una vez al año.

• Y siguiendo en la cocina. Usa ollas de presión, pues gasta poca energía. Utiliza sartenes y ollas con fondo plano y con un diámetro superior al de la superficie de la parrilla, así la cocción será más rápida y ahorrarás energía.

• No precalientes el horno. Es innecesario. Además, apágalo 15 minutos antes, el calor que queda en el horno terminará la cocción.

• Sé un consumidor responsable. Consume sólo lo que necesitas y agota la vida útil de los productos, en otras palabras: reduce, reutiliza y recicla.

• También se un consumidor responsable de agua. No desperdicies este cada vez más escaso recurso y al mismo tiempo estarás ahorrando energía porque hacerla llegar a tu casa, tratarla y desecharla implica un gasto energético.

• Digamos no a los transgénicos. Ni en nuestro campo ni en nuestra mesa. Opta por productos frescos y naturales.

• Cambia el centro comercial por el mercado. Estarás comprando productos más frescos y seguros, sin transgénicos, además de apoyar a productores locales.

• Prefiere los productos orgánicos y de comercio justo. Los productos orgánicos respetan el ambiente en su proceso de elaboración y son más sanos y seguros que los procesados de manera industrial. La certificación y denominación de orgánicos reconocida internacionalmente prohíbe la utilización de transgénicos -o derivados de éstos- en los productos de la agricultura y la ganadería. Los productos de comercio justo permiten, además, combinar el cuidado del ambiente con un verdadero empoderamiento de las comunidades campesinas a través de la repartición equitativa de las ganancias y de la toma de decisiones.

• Evita los productos con muchos empaques o envolturas que acabarás tirando.

• Lleva contigo una bolsa de tela para que no utilices bolsas de plástico cuando hagas compras.

• Separa tus residuos al menos en orgánicos e inorgánicos y si es posible en reciclables (papel, aluminio, vidrio, cartón, tetrapack, etc).

• Convierte tu basura orgánica en composta.

• Limpia con jabón puro que se biodegrada de manera segura y no es tóxico. Asegúrate de que sea sin esencias, colores sintéticos u otros aditivos.

• En lugar de disolventes tóxicos utiliza vinagre (5% ácido acético). Es un desinfectante suave, corta la grasa, limpia el vidrio, desodoriza y remueve los depósitos de calcio, manchas y acumulación de cera.

• Aprovecha el carbonato de sodio. Corta la grasa, quita mancha y desinfecta.

• Apoya el ecoturismo en zonas boscosas y en general el manejo forestal sustentable; no maltrates los árboles y no provoques incendios.

Estas sólo son algunas medidas que pueden contribuir al cuidado del medio ambiente y que está a nuestro alcance llevarlas a cabo. Lejos estamos de Amazonas pero cerca de hacer algo que nos sensibilice y contribuya a la solución de un problema común.

Resiliencia urbana: una vía para avanzar

El concepto “resiliencia” proviene de ciencias como la Ecología, la Psicología o la Resistencia de materiales; ahora se aplica a casi todos los aspectos de la vida, incluyendo el hábitat humano por excelencia: la ciudad.

Al respecto, cabe destacar que la “resiliencia” es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Si aplicamos este concepto a cualquier asentamiento humano podemos intuir los beneficios que puede representar para cualquier ciudad y sus habitantes.

El programa de ciudades resilientes de ONU-Hábitat define a las ciudades resilientes como aquellas que tienen la capacidad de recuperarse rápido de los impactos que sufre el sistema. Esta definición se basa en la concepción de la urbe como un sistema de sistemas, un ente complejo que, a similitud del cuerpo humano, requiere del buen funcionamiento de los distintos órganos para gozar de buena salud.

Todos los asentamientos humanos sufren impactos cada día. Las ciudades son vulnerables a efectos severos provocados por conmociones y presiones de origen natural o humano: pequeñas interrupciones en el suministro de agua o electricidad, huelgas que afectan al comercio o al transporte público, averías o los propios trabajos de mantenimiento que generan molestias a los usuarios. Otras veces las ciudades experimentan crisis y desastres, como inundaciones o tormentas, que a su vez originan perdidas económicas y, en el peor de los casos, daños a las personas.

A día de hoy las ciudades y sus habitantes se enfrentan a más desafíos debido a los efectos de la urbanización masiva, el cambio climático y la inestabilidad política.

Las consecuencias de cada crisis dependen de la preparación de la ciudad para hacer frente a determinados impactos y de la manera en que la ciudadanía percibe y reacciona ante ellos. Estos factores son extremadamente variables y dependen de valores tan dispares como el buen funcionamiento de los sistemas o el grado de tolerancia que cada sociedad muestra ante los acontecimientos.

Por ello, existe la necesidad apremiante de construir nuevas herramientas y planteamientos que den poder a los gobiernos locales y a los ciudadanos, así como que incrementen su capacidad para afrontar nuevos desafíos protegiendo mejor a los humanos, al igual que a los activos económicos y naturales de nuestros pueblos y ciudades.

En consecuencia, en Puebla es necesario que se generen políticas públicas desde el desarrollo urbano que hagan posible la resiliencia de las ciudades asentadas en nuestro estado, que se anticipen a las tendencias del futuro para así encararlas con mayor eficacia: desde construcciones más resistentes a los desastres, mayor densidad poblacional y menor consumo de energía hasta la creación de sólidos fondos financieros y capacidades de construcción.

La resiliencia urbana no es solamente una política o un programa, es la integración de un conjunto de capacidades, recursos, estrategias y decisiones en conjunto, es decir, un proceso y un producto:

−Conocimiento local

−Colaboración de actores clave

−Visión a largo plazo

−Intervenciones estratégicas

−Aprendizaje continuo

En suma, la resiliencia urbana se trata de adaptación y transformación.